Blues, Rock y un hueso de gato negro
Por Angélica Angulo
Influencias de blues, rock y country llenan la música de estos cuatro hombres que, poco a poco, han ido marcando terreno en la escena bogotana. Aprovechando un concierto ofrecido gratuitamente en una universida de la capital, logramos hablar con los integrantes de The Black Cat Bone, un grupo que marca la diferencia en las tendencias de la capital.
Al llegar a la Universidad Javeriana, en donde concerté la cita con Carlos Reyes, guitarrista de TBCB (The Black Cat Bone), me di cuenta de que este grupo es muy diferente a los demás. Desde el principio me pareció demasiado fácil: conseguí el teléfono de Carlos, lo llamé y de inmediato logré el espacio para la entrevista.
Eso me animó mucho, pues no pensé que fuera tan sencillo acercarse a un grupo
nominado a premios Shock 2006, resultando ganadores a mejor banda en vivo y mejor grabación del año.
Me dirigía a la tarima cuando probaban sonido, y ya había una significativa cantidad de gente mirando. Saludé a Carlos, quien estaba vestido como todo un artista de country; sombrero vaquero y gabardina de cuero marcaban el atuendo perfecto. Al saludarme dijo: “Estamos probando sonido, pero apenas termine hablamos, bueno?”. No me resigné a esperar tanto, y aproveché un momento de hambre de su parte para salir corriendo detrás de el y comenzar con las preguntas.
La primera, la típica: ¿cuando comenzaron? “Hace seis años comenzamos con el grupo, pero conozco a Mauro (Mauricio Leguízamo, vocalista y guitarrista de la banda) desde hace mucho”. Ellos comenzaron a tocar en 1995, en una banda llamada Blutsauger, los dos estudiaban en Los Andes, Carlos Música y Mauricio Ingeniería Eléctrica.
Cuando decidieron formar la banda, el único que estaba de los actuales integrantes era Mauro; pocos meses después entró Carlos, recién llegado de Tenesse )Estados Unids)., y ampliamente influenciado por el ritmo de la música Country; luego, en el 2001, se unió Juan David Bernal.
Así comenzó The Black Cat Bone, una banda que une el blues y el country, fusionándolo con el rock para crear un sonido diferente, que cada día atrae más gente a las filas de fanáticos, los cuales ya son bastante, tanto así que en diciembre del 2005 Tower Recods incluyó su primer disco entre los veinticinco más vendidos del año. Por último, en el 2006 en la batería se les une Alejandro Duque, un pereirano que estudió Filosofía y Letras, pero al que definitivamente la música le corre por las venas. Aunque todos se dedican en cuerpo y alma a la banda, cada uno tiene otro empleo, pues “no solo de música se vive”, dice Carlos.
¿Por qué Black Cat Bone?:“El hueso de gato negro es un talismán muy poderoso, que cargaban la mayoría de intérpretes de Blues. Muchas canciones se refieren a él, y varios grupos se llaman así”. Por eso, poco después de bautizar el grupo, le agregaron el “The”, quedando The Black Cat Bone.
El año pasado tuve la oportunidad de verlos en Rock al Parque, el encuentro de rock más grande de Latinoamérica. Pero hablar con ellos, estar cerca y poder en realidad verlos tocar, es una experiencia increíble. La energía que este grupo imprime a su música, y la que despiertan en la audiencia, que crecía a medida que tocaban. Quince minutos después me fue imposible situarme frente a la tarima, pues todo estaba ocupado por jóvenes que gritaban al unísono: “I got my mojo working, got my mojo working…”. Esta canción es una de las más escuchadas de este grupo. “La canción es original de Preston Foster, nosotros la modificamos un poco; a la mayoría le gusta mucho”, dice Mauricio Leguízamo, que aunque tiene 31 años, parece de 25.
Tiene una sonrisa fácil, que parece le durara todo el día. Toca la guitarra y, junto a Juan David Bernal, también en guitarra, son los vocalistas del grupo. “La
verdad todos cantamos y nos turnamos algunos instrumentos también”, explica Carlos. “Todos aportamos, pues cada uno tiene un estilo y una influencia”, y eso es lo que le da vida a las canciones de TBCB.
Entre su repertorio está Sweet Home Alabama, un clásico del country, y la que más me ha llamado la atención, 24 hours in the UPJ. ¿“Qué quieren decir con esta canción?”, pregunto. Carlos me explica: “esta canción es una crítica a la policía, que debería estar deteniendo verdaderos criminales, y no a cualquiera que se encuentre en la calle fumando marihuana. También a la no legalización de esta, pues la verdad no le vemos el punto. Cada uno es libre de decidir, mientras no haga daño a los demás. Muchos amigos han pasado veinticuatro horas en la UPJ, por tonterías, junto a criminales que parecen salidos de películas de terror”.
Así que le pregunto a Juan David, quien me dice: “ no mucho que nos digan cosas, es más porque las mujeres son las que más energía transmiten. Son las que se paran a bailar, las que primero pierden la pena, y detrás de ellas, el resto de la gente. Es increíble ver a tanta gente bailando y cantando nuestras canciones”. Mauro agrega: “ además, al que mas le caen es a Juancho”. (Se ríen)
Parece que siempre estuvieran alegres, y eso llama la atención de este cuarteto de jóvenes. Siempre dinámicos y listos para la siguiente ronda de canciones. Durante el concierto, Carlos dice: “qué quieren escuchar? Los que nos conocen saben que ¡cuando comenzamos, ya no nos para nadie!”.
Durante todo el tiempo están animando, riendo, llamando la atención del público, y cantando con todas sus fuerzas.
¿Que sigue ahora? “Esperamos poder grabar nuestro segundo trabajo, aunque toca duro, porque no nos queremos comprometer con ninguna disquera. Queremos ser dueños de nuestra música. Por eso el disco que grabamos se encuentra bajo nuestro propio sello”, aclara Juan David. “El 20 de septiembre tocamos en los premios Shock, y más adelante ya veremos”. Con una actitud positiva y ganadora, terminan el concierto en medio de los aplausos y los gritos de “otra, otra”. Pero es hora de irse, y comienzan a recoger los equipos y los instrumentos. En ese momento, noto que Alejo usa una muleta. “ ¿Que le pasó?” “Alejo tuvo una operación de rodilla hace poco. Entre todos logramos reunir lo que necesitaba para la intervención y ahora se está recuperando”, me contesta Mauricio. Así me doy cuenta de los lazos que unen a estos hombres, no solo musicales.

Todos son amigos, compartiendo la dura tarea de crear y mantener un grupo de rock en un país donde es tan difícil salir adelante. “Pero ahí vamos, poco a poco, cada vez saben más de nosotros”, dice Mauricio. “Me gustaría tocar en sitios donde la historia del Blues y el Rock sea palpable”. Lo mismo quieren los demás, y estoy segura que, al ritmo que van, en poco tiempo lo lograrán. Una música excelente, cargada de vida, que va entrando poco a poco en los corazones de los colombianos.

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