Una mirada a la historia de Bogotá

Cementerio Central de Bogota: de almas y parques


Por Angélica Angulo


El Cementerio Central, ubicado en la 26 con 20, no solo conserva los restos de ex presidentes y figuras famosas; también es ahora un parque, el de la Reconciliación, creado en homenaje a los caídos por la violencia de nuestro país.

El sobrecogedor panorama de tumbas vacías, y parques llenos, es lo que se levanta a la vista cuando llego de la Caracas y bajo por la 26. Frente a mi tengo el cementerio más significativo de la ciudad: el Cementerio Central de Bogotá, declarado Monumento Nacional en 1984, que fue construido en pleno casco urbano de la capital colombiana en el siglo XVIII, luego de ser prohibidas las inhumaciones en los atrios de las iglesias y cerca de otros edificios importantes en esta época, como: el matadero, la cárcel y los hospitales.

El cementerio está construido en forma elíptica, simbolizando la subida de las almas al cielo. Allí, en numerosas criptas, mausoleos, ermitas y monumentos descansa la gran mayoría de los personajes ilustres de la historia de Colombia: los presidentes de la República, escritores, intelectuales, pensadores y grandes comerciantes.

El Parque de la Reconciliación, inaugurado durante la administración del alcalde Enrique Peñaloza, cuenta con una amplia plazoleta, arborización con especies nativas, un riachuelo y una fuente de agua, una escultura de Fernando Botero (“Hombre a caballo”) y un espacio cubierto para realizar eventos culturales. Y todavía quedan mausoleos vacíos, como ojos sin vida que se miran unos frente a otros. Algo que sorprende son los Columbarios, estructuras de 150 metros de largo y 10 metros de ancho que fueron construidas en 1945 y se conservan como parte del Parque. En la estructura más alta de cada galería o Columbario se lee la inscripción "La vida es sagrada": esta obra es uno de los gestos más creativos y significativos de resistencia civil contra la violencia del país.

Al entrar siento el peso de los siglos y a densidad de las almas de miles de personas que fueron sepultadas en este sitio. Una de las cosas que llama la atención de los muchos turistas es la estatua dorada encima de la tumba de Leo COP, más conocido como Don Leo o “El Santo”. Fue el fundador de la "Sociedad Kopp y Castello" que dio inicio a la famosa cervecería Kopp Deutsche Brauerei Bavaria, la posterior Bavaria. Se dice que concede milagros a quienes se lo susurran al oído. Y pude constatar que le creen, pues la fila para los susurros era larga.

También se ha convertido en atracción la tumba de Alfonso López Michelsen, quien murió este año y fue enterrado en el panteón familiar. En la sección de los ex presidentes todavía ronda una pregunta: ¿quien será el último que repose en este sitio? Solo queda un espacio, y al parecer muchos presidentes por venir.

Se destacan, por su especial estructura arquitectónica o por la importancia de aquellos cuyos restos reposan en ellas, las tumbas de varios expresidentes de la República, como Francisco de Paula Santander, Eduardo Santos y Alfonso López Pumarejo, y las de intelectuales y políticos, como Rafael Pombo, José Asunción Silva, Luis Carlos Galán Sarmiento y Carlos Pizarro.

Pero no solo ilustres llenan el cementerio. También gente común, cuyo destino fue convivir en la otra vida con aquellos que los gobernaron. Como dice la biblia, los ricos y los pobres son iguales en el reino de los cielos. Además, a raíz de los sucesos del 9 de abril de 1948, conocido como El Bogotazo, que se dió con motivo del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el Cementerio albergó una fosa común en la cual fueron enterrados alrededor de cuatro mil cadáveres de las víctimas de este suceso.

El Cementerio Central no es solo el último lugar de reposo de las almas, símbolo de muerte. También es una fuente de vida, pues fuera de éste puedo ver ventas de flores, lápidas y ramos, además de las personas que se encargan de la seguridad y el mantenimiento del cementerio. Por otro lado, la cantidad de gente que visita el sitio hizo surgir alrededor del Cementerio restaurantes, cafeterías y hasta bares, en los cuales encuentran la forma de satisfacer sus necesidades de comida o bebida.

Después de un rato de dar vueltas por los mausoleos, veo como un albañil realiza el cierre, con mezcla de cemento y arena, de las tumbas ubicadas en los pabellones, como último acto de un entierro en proceso. Y para colocar las flores en las bóvedas que ocupan la parte superior del pabellón, o para hacerles aseo, al parecer siempre se puede encontrar a una persona, con escalera al hombro, que se ocupa de este penoso proceso, que pone en vilo a mas de uno. Estas, entre otras, son actividades que en el Cementerio Central de Bogotá han surgido y se mantienen, para hacer evidente que alrededor de la muerte, componente propio de su naturaleza, se mueve una fuerte corriente de vida.

Atravieso de nuevo la portada del cementerio (sobre la calle 26), terminada en 1910, y que aún se conserva en su estilo original, para dirigirme hacia la Caracas, mientras reflexiono sobre las personas (y las almas) que deambulan dentro y fuera del lugar. Al parecer, el Cementerio Central es más que un lote con tumbas y mausoleos. Veo que en la muerte hay vida, y cada persona que lo visita contribuye a que esta vida no se apague.