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La Coctelera

Blanca Navidad en Bogotá: ALEJOTEMPLE demustra su talento en Moviemaker

Mariposas

Un lugar donde aprender es un juego de niños

Sueños de mariposas, de libros y de historias


Hace tres años, el ICBF decidió cerrar el hogar infantil situado en Pasadena, pero gracias a Fundali, y a su director Horacio Pérez Isaza, ahora es una esperanza para los niños de escasos recursos, que encuentran en este lugar no solo amor, también alimento para el alma.


Por Angélica Angulo


Cuando Horacio se enteró del cierre inminente de este lugar, de inmediato puso manos a la obra. Este hombre, que lleva diez años en la fundación para el hambre, Fundali, se encargó de crear una alianza entre el ICBF, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, y la fundación. Fue así como nació “Mariposas”, el hogar infantil que hoy se encarga del cuidado y la educación de más de 124 niños, todos de estratos 1, 2 y 3. Junto a varias profesoras, todas licenciadas en pedagogía infantil y preescolar, dirige esta institución, que entrega amor, alimento y magia a los pequeños que guarda en su seno.

Heidi Contreras, una de las profesoras que trabaja hace 2 años en este lugar, afirma que es esta fundación no se encarga solo del alimento físico, sino el alimento para el alma. Esta pedagoga egresada de la Incca dice que “la prioridad de nosotros es la cultura, la lectura, que es el fuerte de Fundali, y el arte. La fundación existe desde hace 18 años, pero al enterarse del cierre del lugar, lo tomó bajo su protección. Ahora trabajamos bajo unos parámetros que dicta el ICBF, y recibimos un presupuesto destinado a mejoras y alimento, pero nuestra metodología es muy distinta a la del resto de hogares del instituto. También recibimos donaciones de otros lugares, como Imaginarium, y algunas universidades que hacen trabajos de campo aquí.”

De la oficina de Horacio salen tres jovencitas, al parecer de décimo grado. El explica: “estas niñas salieron de uno de los hogares infantiles de la fundación, y todavía siguen visitándonos. Nosotros generamos un ambiente de libertad, autonomía e independencia propicio para formar niños y niñas felices con altos niveles de autoestima. He trabajado veinte años en colegios, y el sistema anterior no les daba esa autonomía. Los niños salen autónomos, responsables, claros en lo que quieren, se gozan la vida, son más preguntones, para ellos el conocimiento se vuelve importante. En los otros sistemas solo estudian para el momento, aquí les enseñamos que saber es divertido.”


Para este “papá Noel” la educación es un juego en el que se mezclan el arte, el trabajo corporal, la lectura y la música. Aunque rinden cuentas al ICBF, es notoria la diferencia entre el sistema tradicional y el de Fundali. Entre las actividades que realizan con los niños están las salidas a teatros, a escuchar orquestas sinfónicas, al planetario y a bibliotecas.

Una de las cosas que más llama la atención es la casa del árbol, un espacio hecho para que los niños suban y, con el libro bajo el brazo, se diviertan con imágenes e historias.


La sala de lectura, Jairo Aníbal Niño, contiene cientos de libros que los pequeños llevan a su casa el viernes y devuelven el lunes, con el compromiso de leerlos y disfrutarlos. Y lo hacen. Un mundo lleno de amor, colores, y cuentos en el que el juego forma desde el principio a niños y niñas. Este es el mundo de un soñador como Horacio, para quien nunca es imposible dar un poco más a los pequeños que se encuentran a su cuidado.

Además de ser un juego divertido, la educación debe marcar el futuro de la vida de estos niños y niñas. Por esto, el anhelo de Horacio es que las personas al interior de los diferentes jardines y hogares del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar imiten la pedagogía de Fundali, y aprendan a amar a esos pequeños que están bajo su protección, para que el día de mañana sean un orgullo, no solo para sus padres, sino para quienes los tomaron de pequeños y cada día hacen de ellos lo que serán en el futuro.

Cementerio

Una mirada a la historia de Bogotá

Cementerio Central de Bogota: de almas y parques


Por Angélica Angulo


El Cementerio Central, ubicado en la 26 con 20, no solo conserva los restos de ex presidentes y figuras famosas; también es ahora un parque, el de la Reconciliación, creado en homenaje a los caídos por la violencia de nuestro país.

El sobrecogedor panorama de tumbas vacías, y parques llenos, es lo que se levanta a la vista cuando llego de la Caracas y bajo por la 26. Frente a mi tengo el cementerio más significativo de la ciudad: el Cementerio Central de Bogotá, declarado Monumento Nacional en 1984, que fue construido en pleno casco urbano de la capital colombiana en el siglo XVIII, luego de ser prohibidas las inhumaciones en los atrios de las iglesias y cerca de otros edificios importantes en esta época, como: el matadero, la cárcel y los hospitales.

El cementerio está construido en forma elíptica, simbolizando la subida de las almas al cielo. Allí, en numerosas criptas, mausoleos, ermitas y monumentos descansa la gran mayoría de los personajes ilustres de la historia de Colombia: los presidentes de la República, escritores, intelectuales, pensadores y grandes comerciantes.

El Parque de la Reconciliación, inaugurado durante la administración del alcalde Enrique Peñaloza, cuenta con una amplia plazoleta, arborización con especies nativas, un riachuelo y una fuente de agua, una escultura de Fernando Botero (“Hombre a caballo”) y un espacio cubierto para realizar eventos culturales. Y todavía quedan mausoleos vacíos, como ojos sin vida que se miran unos frente a otros. Algo que sorprende son los Columbarios, estructuras de 150 metros de largo y 10 metros de ancho que fueron construidas en 1945 y se conservan como parte del Parque. En la estructura más alta de cada galería o Columbario se lee la inscripción "La vida es sagrada": esta obra es uno de los gestos más creativos y significativos de resistencia civil contra la violencia del país.

Al entrar siento el peso de los siglos y a densidad de las almas de miles de personas que fueron sepultadas en este sitio. Una de las cosas que llama la atención de los muchos turistas es la estatua dorada encima de la tumba de Leo COP, más conocido como Don Leo o “El Santo”. Fue el fundador de la "Sociedad Kopp y Castello" que dio inicio a la famosa cervecería Kopp Deutsche Brauerei Bavaria, la posterior Bavaria. Se dice que concede milagros a quienes se lo susurran al oído. Y pude constatar que le creen, pues la fila para los susurros era larga.

También se ha convertido en atracción la tumba de Alfonso López Michelsen, quien murió este año y fue enterrado en el panteón familiar. En la sección de los ex presidentes todavía ronda una pregunta: ¿quien será el último que repose en este sitio? Solo queda un espacio, y al parecer muchos presidentes por venir.

Se destacan, por su especial estructura arquitectónica o por la importancia de aquellos cuyos restos reposan en ellas, las tumbas de varios expresidentes de la República, como Francisco de Paula Santander, Eduardo Santos y Alfonso López Pumarejo, y las de intelectuales y políticos, como Rafael Pombo, José Asunción Silva, Luis Carlos Galán Sarmiento y Carlos Pizarro.

Pero no solo ilustres llenan el cementerio. También gente común, cuyo destino fue convivir en la otra vida con aquellos que los gobernaron. Como dice la biblia, los ricos y los pobres son iguales en el reino de los cielos. Además, a raíz de los sucesos del 9 de abril de 1948, conocido como El Bogotazo, que se dió con motivo del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el Cementerio albergó una fosa común en la cual fueron enterrados alrededor de cuatro mil cadáveres de las víctimas de este suceso.

El Cementerio Central no es solo el último lugar de reposo de las almas, símbolo de muerte. También es una fuente de vida, pues fuera de éste puedo ver ventas de flores, lápidas y ramos, además de las personas que se encargan de la seguridad y el mantenimiento del cementerio. Por otro lado, la cantidad de gente que visita el sitio hizo surgir alrededor del Cementerio restaurantes, cafeterías y hasta bares, en los cuales encuentran la forma de satisfacer sus necesidades de comida o bebida.

Después de un rato de dar vueltas por los mausoleos, veo como un albañil realiza el cierre, con mezcla de cemento y arena, de las tumbas ubicadas en los pabellones, como último acto de un entierro en proceso. Y para colocar las flores en las bóvedas que ocupan la parte superior del pabellón, o para hacerles aseo, al parecer siempre se puede encontrar a una persona, con escalera al hombro, que se ocupa de este penoso proceso, que pone en vilo a mas de uno. Estas, entre otras, son actividades que en el Cementerio Central de Bogotá han surgido y se mantienen, para hacer evidente que alrededor de la muerte, componente propio de su naturaleza, se mueve una fuerte corriente de vida.

Atravieso de nuevo la portada del cementerio (sobre la calle 26), terminada en 1910, y que aún se conserva en su estilo original, para dirigirme hacia la Caracas, mientras reflexiono sobre las personas (y las almas) que deambulan dentro y fuera del lugar. Al parecer, el Cementerio Central es más que un lote con tumbas y mausoleos. Veo que en la muerte hay vida, y cada persona que lo visita contribuye a que esta vida no se apague.

The Black Cat Bone

Blues, Rock y un hueso de gato negro



Por Angélica Angulo


Influencias de blues, rock y country llenan la música de estos cuatro hombres que, poco a poco, han ido marcando terreno en la escena bogotana. Aprovechando un concierto ofrecido gratuitamente en una universida de la capital, logramos hablar con los integrantes de The Black Cat Bone, un grupo que marca la diferencia en las tendencias de la capital.



Al llegar a la Universidad Javeriana, en donde concerté la cita con Carlos Reyes, guitarrista de TBCB (The Black Cat Bone), me di cuenta de que este grupo es muy diferente a los demás. Desde el principio me pareció demasiado fácil: conseguí el teléfono de Carlos, lo llamé y de inmediato logré el espacio para la entrevista.

Eso me animó mucho, pues no pensé que fuera tan sencillo acercarse a un grupo

nominado a premios Shock 2006, resultando ganadores a mejor banda en vivo y mejor grabación del año.


Me dirigía a la tarima cuando probaban sonido, y ya había una significativa cantidad de gente mirando. Saludé a Carlos, quien estaba vestido como todo un artista de country; sombrero vaquero y gabardina de cuero marcaban el atuendo perfecto. Al saludarme dijo: “Estamos probando sonido, pero apenas termine hablamos, bueno?”. No me resigné a esperar tanto, y aproveché un momento de hambre de su parte para salir corriendo detrás de el y comenzar con las preguntas.

La primera, la típica: ¿cuando comenzaron? “Hace seis años comenzamos con el grupo, pero conozco a Mauro (Mauricio Leguízamo, vocalista y guitarrista de la banda) desde hace mucho”. Ellos comenzaron a tocar en 1995, en una banda llamada Blutsauger, los dos estudiaban en Los Andes, Carlos Música y Mauricio Ingeniería Eléctrica.

Cuando decidieron formar la banda, el único que estaba de los actuales integrantes era Mauro; pocos meses después entró Carlos, recién llegado de Tenesse )Estados Unids)., y ampliamente influenciado por el ritmo de la música Country; luego, en el 2001, se unió Juan David Bernal.

Así comenzó The Black Cat Bone, una banda que une el blues y el country, fusionándolo con el rock para crear un sonido diferente, que cada día atrae más gente a las filas de fanáticos, los cuales ya son bastante, tanto así que en diciembre del 2005 Tower Recods incluyó su primer disco entre los veinticinco más vendidos del año. Por último, en el 2006 en la batería se les une Alejandro Duque, un pereirano que estudió Filosofía y Letras, pero al que definitivamente la música le corre por las venas. Aunque todos se dedican en cuerpo y alma a la banda, cada uno tiene otro empleo, pues “no solo de música se vive”, dice Carlos.

¿Por qué Black Cat Bone?:“El hueso de gato negro es un talismán muy poderoso, que cargaban la mayoría de intérpretes de Blues. Muchas canciones se refieren a él, y varios grupos se llaman así”. Por eso, poco después de bautizar el grupo, le agregaron el “The”, quedando The Black Cat Bone.

El año pasado tuve la oportunidad de verlos en Rock al Parque, el encuentro de rock más grande de Latinoamérica. Pero hablar con ellos, estar cerca y poder en realidad verlos tocar, es una experiencia increíble. La energía que este grupo imprime a su música, y la que despiertan en la audiencia, que crecía a medida que tocaban. Quince minutos después me fue imposible situarme frente a la tarima, pues todo estaba ocupado por jóvenes que gritaban al unísono: “I got my mojo working, got my mojo working…”. Esta canción es una de las más escuchadas de este grupo. “La canción es original de Preston Foster, nosotros la modificamos un poco; a la mayoría le gusta mucho”, dice Mauricio Leguízamo, que aunque tiene 31 años, parece de 25.

Tiene una sonrisa fácil, que parece le durara todo el día. Toca la guitarra y, junto a Juan David Bernal, también en guitarra, son los vocalistas del grupo. “La

verdad todos cantamos y nos turnamos algunos instrumentos también”, explica Carlos. “Todos aportamos, pues cada uno tiene un estilo y una influencia”, y eso es lo que le da vida a las canciones de TBCB.

Entre su repertorio está Sweet Home Alabama, un clásico del country, y la que más me ha llamado la atención, 24 hours in the UPJ. ¿“Qué quieren decir con esta canción?”, pregunto. Carlos me explica: “esta canción es una crítica a la policía, que debería estar deteniendo verdaderos criminales, y no a cualquiera que se encuentre en la calle fumando marihuana. También a la no legalización de esta, pues la verdad no le vemos el punto. Cada uno es libre de decidir, mientras no haga daño a los demás. Muchos amigos han pasado veinticuatro horas en la UPJ, por tonterías, junto a criminales que parecen salidos de películas de terror”.

Ahora me dedico a las preguntas “serias”. ¿Qué se siente tener a todas las niñas de un toque suspirando por ustedes, o como ya pude escuchar, gritándoles que quieren tener un hijo suyo? “La verdad, Alejo y yo tenemos familia, pero puedes preguntarles a los solteros de turno”, me contesta Carlos.

Así que le pregunto a Juan David, quien me dice: “ no mucho que nos digan cosas, es más porque las mujeres son las que más energía transmiten. Son las que se paran a bailar, las que primero pierden la pena, y detrás de ellas, el resto de la gente. Es increíble ver a tanta gente bailando y cantando nuestras canciones”. Mauro agrega: “ además, al que mas le caen es a Juancho”. (Se ríen)

Parece que siempre estuvieran alegres, y eso llama la atención de este cuarteto de jóvenes. Siempre dinámicos y listos para la siguiente ronda de canciones. Durante el concierto, Carlos dice: “qué quieren escuchar? Los que nos conocen saben que ¡cuando comenzamos, ya no nos para nadie!”.

Durante todo el tiempo están animando, riendo, llamando la atención del público, y cantando con todas sus fuerzas.

¿Que sigue ahora? “Esperamos poder grabar nuestro segundo trabajo, aunque toca duro, porque no nos queremos comprometer con ninguna disquera. Queremos ser dueños de nuestra música. Por eso el disco que grabamos se encuentra bajo nuestro propio sello”, aclara Juan David. “El 20 de septiembre tocamos en los premios Shock, y más adelante ya veremos”. Con una actitud positiva y ganadora, terminan el concierto en medio de los aplausos y los gritos de “otra, otra”. Pero es hora de irse, y comienzan a recoger los equipos y los instrumentos. En ese momento, noto que Alejo usa una muleta. “ ¿Que le pasó?” “Alejo tuvo una operación de rodilla hace poco. Entre todos logramos reunir lo que necesitaba para la intervención y ahora se está recuperando”, me contesta Mauricio. Así me doy cuenta de los lazos que unen a estos hombres, no solo musicales.

Todos son amigos, compartiendo la dura tarea de crear y mantener un grupo de rock en un país donde es tan difícil salir adelante. “Pero ahí vamos, poco a poco, cada vez saben más de nosotros”, dice Mauricio. “Me gustaría tocar en sitios donde la historia del Blues y el Rock sea palpable”. Lo mismo quieren los demás, y estoy segura que, al ritmo que van, en poco tiempo lo lograrán. Una música excelente, cargada de vida, que va entrando poco a poco en los corazones de los colombianos.




Tabio

Son los de afuera los que roban





En Tabio el progreso trae compañía




Por Angélica Angulo


En este municipio, donde todos se conocen, se respiraba tranquilidad, hasta el día en que el turismo trajo delincuencia. Una mirada al pueblo de calles silenciosas y gente amable, que aunque tendría razones, no desconfía de “los de afuera”.








En Tabio se respira tranquilidad. Y no es en sentido figurado. Cada paso que se da en las calles adoquinadas es un paso hacia la paz interior, pues en este pueblo los únicos problemas los generan los borrachitos de turno, en peleas de taberna.

Eso cuenta el teniente Acero, quien dice que” todos los fines de semana toca separar a un par de hombres o dos, peleando porque miraron a su mujer, o no pagaron la cuenta. Pero eso es todo”.




Todo en cuanto a los lugareños. Según Acero, la mayoría de los hurtos son realizados por personas ajenas al pueblo. “Lo que es aquí, nunca pasa de una pelea de bar. Otra cosa son los visitantes, aunque no es para generalizar. Pero los robos se ven los fines de semana, que vienen turistas, porque los ladrones aprovechan el descuido de muchas personas, que creen que por estar en un pueblo pueden dejar el carro abierto o las cosas tiradas”.




El teniente Acero, miembro de la Policía local, se encuentra ahora realizando una campaña para alertar a los visitantes. “Este es un pueblo tranquilo, pero nunca falta el desadaptado. Y casi siempre es de otro lado”.


Lo mismo afirma Claudia Garcia, dueña de “Artesanías En Piedra y Madera”, una tienda llena de todo. Claudia ha vivido toda su vida en Tabio, y tiene la tienda desde hace mas de 10 años. Todo son collares en madera, en guadua y en tagua. Caballos de palo, palos de lluvia, flautas, quenas, y cuanta a rtesanía se pueda alguien imaginar. EL lugar huele a madera y aserrín. En efecto, el piso está cubierto de aserrín, dando la impresión de esntrar en el taller de n carpintero. Peor los estantes, llenos de pequeñas obras de arte en madera, confirman que es una tienda de artesanías.





Claudia también trabaja como profesora en una escuela rural, camino a Subachoque. Fue en esa vía donde la semana pasada “delincuentes de fuera atracaron un camión, dejando al chofer amarrado en el borde del camino, un camino poco transitado”. Según ella, esto fue obra de extraños, porque todos en el pueblo se conocen y son muy unidos. “La verdad, la seguridad es excelente dentro del pueblo, pero a los visitantes es muy difícil controlarlos”.


Doña Marina, quien vive hace 20 años en Tabio, afirma que todo es porque la gente no se cuida. “Mire a los que atracan en la Peña de Juaica. Los roban porque se van de a dos o tres, y los ladrones ya saben eso. La policía tuvo que prohibir la subida, y es una lástima por que la vista es muy bonita. Se ve hasta Bogotá”.


Sobre la Peña de Juaica si que hay historias. Historias de brujas, ovnis, cementerios indios y otras bellezas de nuestra cultura. Los niños las repiten extasiados. Jaime Mora, un niño de no mas de 11 años, intercepta a los visitantes para ofrecerse a ser guía del pueblo, y hasta de acompañarlos a la Peña.” Allá una vez un señor se perdió, y no apareció nunca. Lo que pasa es que una bruja lo mató”, cuenta, feliz de recibir la atención de los turistas. “Si quiere yo lo llevo hasta allá, yo conozco toditico el camino”.


La verdad es que la Peña de Juaica, sea o no verdad todos sus misterios, es uno de los sitios más inseguros del lugar. En sus laderas boscosas no se esconden espantos, sino todo tipo de delincuentes esperando que algún incauto intente llegar a la cima.





El teniente Acero afirma que a todos los turistas se les advierte del peligro, y de nuevo asegura que no son habitantes de Tabio. “Todos los que se han logrado detener son de otros municipios. Eso es triste, porque nuestro pueblo es muy tranquilo. El turismo ha traido progreso, y eso a su vez trajo gente de otro lado que se la busca fácil. Nosotros intentamos parar la delincuencia, pero es muy difícil, porque llega mucha gente al tiempo, y se nos pasan muchos detalles”. Y aunque el municipio tiene prohibida la venta de licor después de las 9 pm, y los viernes y sábados hasta las 10 pm, se las ingenian para saltarse las normas. “Y estas normas son más de convivencia que de cualquier otra cosa”, recalca.


Doña Marina es más enfática. “Yo no nací aquí, pero es como si lo hubiera hecho. Y no me hace gracia que se pongan a robar y hacer otras cosas. Aquí antes no se sabía que era marihuana, nunca hemos tenido problemas de orden público, de guerrilla ni nada. Ojalá siga así, porque es rico vivir aquí”.


Eso esperan también el resto de los habitantes de Tabio, un paraíso de más de 400 años de construído, y que espera pasar otros 400 igual de tranquilo, con la paz y tranquilidad que solo el progreso puede acabar.